A UN AMIGO (Adicada a ti Amigo) 

 

Ha pasado un año desde que Delio nos abandonó. No le conocía íntimamente, como pudiera hacerlo un familiar, un hijo, su esposa,…ni tan siquiera soy allegado, ni pariente próximo, sólo uno de sus amigos, uno de tantos. Y así es como era para nosotros, fuera de su ámbito familiar, para sus amigos que alternábamos con él cuando solía visitar el pueblo: una persona tranquila, afable, que gozaba plenamente de esos días que pasaba en Abavides, siempre dispuesto a participar y formar un poco de “bulla” allí donde la ocasión lo requiriera: partidas “picantes” o conversaciones “calientes” (e intranscendentes) de taberna, que siempre acabábamos tomándonos una penúltima cerveza, partiéndonos de risa y procurando que lo más divertido de nuestra batalla dialéctica de ese día saliera a la luz al día siguiente para seguir con el cachondeo. Y así, feliz y relajado, con su familia y sus amigos, pasaba los fines de semana, puentes o vacaciones para regresar nuevamente a su trabajo a Coruña.

 

Por supuesto, su integración en el pueblo y las buenas relaciones que mantenía con su círculo de amistades, hacía que él, a su vez, también estuviera siempre dispuesto a recibir con los brazos abiertos a cualquier amigo del pueblo que se desplazara hasta la capital herculina.

 

En una de esas ocasiones en las que me tocó viajar a la capital coruñesa, le llamé para quedar con él. ¡Teníais que verle la cara de felicidad y alegría cuando nos abrazamos en esa ciudad! Por supuesto, fue un anfitrión excelente y ¡con qué orgullo me enseñaba esos sitios típicos en los que el dueño era cómplice a la hora de poner una ración o servir unas cañas…! Realmente fueron momentos inolvidables. Como también lo fue esa última partida de tute memorable que jugamos en el bar de José y que, por cierto, acabó ganando (¡aunque yo también le gané alguna con anterioridad…!) teniendo como pareja a su cuñado Delfín y como hincha número uno a su otro cuñado, Alejandro. En esa época, ya no podía tomar ningún tipo de alimentos, ni sólido, ni líquido y tenía que servirse de un equipo auxiliar. A pesar de ello, era una persona vitalista, que nunca perdió la sonrisa, ni el optimismo y puedo decir que, para los que le conocíamos y alternábamos con él en esos ratos libres que nos dejan nuestras señoras en el pueblo, seguía siendo él mismo, o al menos lo intentaba, viviendo con tesón y ahínco hasta el final.

 

Y así se marchó, tal  como había llegado y como había vivido: destilando humor con los amigos, con esperanza, con ilusión, con esa sonrisa y esa voz grave, inconfundible, que aunque a veces pudiera parecer ruda, no era más que algo específico de su propio carácter, pero siempre carente de cualquier malevolencia o intencionalidad. El pertenecía a esa escuela de paisanos de siempre, buenas personas, generosas, honestas, que desprenden con su presencia un tono de cercanía y alegría.

 

Ha pasado ya un año, ¡quién lo diría!, y por ello queremos hoy testimoniarte, Delio, que además de tu querida esposa, tus hijos y tus seres más próximos, también siguen ahí esos amigos, algunos tal vez anónimos para la familia, pero que tu conocías muy bien, y puedes tener la certeza de que, allí donde estemos tus amigos, año tras año, estará siempre la impronta de tu presencia y de tu recuerdo. Descansa en paz, amigo.